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América Salazar (escultora)

América Salazar, junto a su obra "Cristo Resucitado".
Imagen: revista AFESE Nº59.
América Salazar (Quito, 1909 - ibídem, 1999), fue la más destacada escultora quiteña en la primera mitad del siglo XX, alcanzando reconocimiento y distinciones no solo a nivel nacional sino también internacional. Sus trabajos adornan varios espacios públicos de la ciudad, así como edificios religiosos y privados.

Junto a otros artistas ecuatorianos de renombre, como los hermanos Mideros, América Salazar fue parte de la última generación de artistas romanticistas del país, que convivieron con los primeros de corrientes modernistas.


Biografía

Nacida en la ciudad de Quito en el año 1909, América perdió parte del sentido de la vista tras un desafortunado accidente a temprana edad, lo que le llevó a desarrollar otros sentidos y en particular el tacto, adquiriendo la costumbre de modelar con miga de pan humedecida para distraerse, y más adelante también con barro que le proporcionaban sus padres.

Aún niña, un especialista alemán que se encontraba de paso por el país le devolvió la visión perdida, aunque eso le causó una confusión interna sobre el mundo imaginario que había aprendido a crear con sus manos. Sin embargo continuó cultivando su amor al arte y sobre todo a la escultura, dentro de la cual prefería el clacisismo en la representación de figuras humanas.

En 1942 contrajo matrimonio con un oficial del ejército de apellido Martínez, de quien enviudó a mediados de la década de 1970 y con quien tuvo un hijo al que llamaron Francisco en 1943. La artista murió en la ciudad de Quito en el año 1999, tras una larga enfermedad que minó sus sentidos.

Formación artística

Con el apoyo de su familia en el año 1924 ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Quito, en donde recibió clases de los más célebres artistas ecuatoriano y extranjeros que radicaban en el país; entre ellos destacan Camilo Egas, los hermanos Víctor y Luis Mideros, Pedro León y Roura Oxambero. Pero fue el maestro italiano Luigi Cassadío, que aunque multifacético destacaba en la escultura pública, quien más se acercaría al arte de la joven y la ayudaría a desarrollar su potencial.

Hasta su graduación en el año 1928, América fue compañera de estudios con futuros referentes de las artes ecuatorianas como Leonardo Tejada, Diógenes Paredes y Jaime Andrade, este último desarrollaría su trabajo en el mayor exponente de la escultura del periodo indigenista. 

Una biografía de la bailarina Isadora Duncan que llegó a sus manos en los primeros años de su formación, le serviría de inspiración para muchas de sus obras posteriores. Además, América ganó varios premios consecutivos del Salón Mariano Aguilera, el más importante de las artes en la ciudad de Quito.

Sus primeros trabajos reflejaban su predilección por la figura humana, en especial los desnudos femeninos con rasgos mestizos, enmarcada dentro de la corriente del neoclasicismo. Influenciada por Luis Mideros, uno de sus profesores, cuida la perfección anatómica, como se puede apreciar en una de sus primeras piezas titulada "La Maternidad", en la que una madre desnuda y la cabeza echada hacia atrás, sostiene a su pequeño hijo sobre el cuello y los dos gozan del juego.

Estudios en España
"Oceánide", su obra más
conocida en Europa.
Imagen: revista AFESE Nº59.
Con su fama creciendo, en 1934 la joven recibió una beca del Congreso Nacional para continuar su formación en la prestigiosa Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en España; sin embargo al llegar a Madrid los cursos ya habían iniciado y no pudo matricularse, por lo que empezó a buscar otras opciones.

Valiéndose de una carta de recomendación se presentó ante el maestro Mariano Benlliure, quien le pidió que hiciera un boceto de una obra; América utilizó la difícil situación interna que vivía España entre las facciones republicana y monárquica, y presentó el dibujo "El grito de Guerra" con la cabeza de un soldado y su casco partido en la mitad, emitiendo un grito de angustia, los ojos desorbitados y las venas a punto de reventarse.

El boceto gustó tanto a Benlliure que no dudó en apoyarla y la presentó a la Casa de Velásquez, uno de los más importantes centros artísticos franceses asentados en Madrid, consiguiendo para ella el único cupo disponible para artistas españoles (como latinoamericana podía aplicar, y fue la única que logró ingresar en la historia del centro). Allí, sus obras le valieron un artículo lleno de elogios en un importante semanario madrileño al que titularon "España y América, una ecuatoriana en la Casa de Velásquez".

Para su trabajo final tras cinco años de estudios, América se inspiró en la majestuosidad del mar que siempre le había atraído para crear una escultura llamada "Oceánide", en la que representa a una mujer de la mitología greco-romana, desnuda y emergiendo de las aguas, apoyada en una columna de olas a las que el cuerpo sigue en líneas y movimiento. Fue presentada por la Casa al concurso Gran Salón de Mayo de Madrid, uno de los más importantes de la época, y obtuvo el primer lugar.

Francia e Italia
Amiga personal de la Condesa de Bércena, al estallar la Guerra Civil Española, en 1937 recibe su ayuda para escapar con rumbo a Francia. En París conoció de cerca el reputado arte francés y las formas clásicas en las que siempre se había inspirado, aunque le decepciona el auge de la corriente cubista representada por Picasso y Juan Gris, opuesta a su formación clasista.

Viaja entonces a Italia y se inscribe en la Academia Real de Roma, a la que llegó a considerar el santuario del arte clásico y donde obtiene su título profesional, además del reconocimiento de la comunidad internacional. Allí trabajó junto al maestro Angelo Zanelli, que a su vez había trabajado años atrás con su maestro en Quto, Luigi Cassadío, en los murales frontales del Monumento a Víctor Manuel II, en Roma.

Gran maestra de las artes

A su regreso a Quito en 1941, tras los años de formación europea, América Salazar es nombrada profesora de las siguientes cátedras e instituciones:

  • Escultura, en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Quito
  • Historia del arte y dibujo, en el Instituto Nacional de Pedagogía de la Universidad Central
  • Pintura y escultura, en el Colegio de Artes Plásticas de la Universidad Central
  • Arte, en el Colegio Sagrados Corazones de Rumipamba

Además fue restauradora del Museo Nacional de Arte Colonial, conferencista de arte en varios círculos como el Club Femenino de Cultura, el Instituto de Cultura Hispánica de Quito, la Sociedad Bolivariana del Ecuador, la Unión de Mujeres Americanas capítulo Ecuador, e incluso en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Viajó a Estados Unidos como representante de las artes ecuatorianas, dictando conferencias en el Consejo Iberoamericano de Mujeres (New York) y la Universidad de Columbia, donde inició la cátedra de arte colonial ecuatoriano para los estudiantes de idioma español.

Estando en norteamérica recibió la comisión para realizar el busto de la presidenta de la Unión de Mujeres Americanas, Evangelina Vaughan, así como el del presidente ecuatoriano Francisco Javier Salazar que hoy se encuentra en el parque de La Recoleta (Quito).

Como gran maestra de las artes ecuatorianas, América fue profesora de varios artistas que destacarían posteriormente, el más conocido Oswaldo Guayasamín, a quien describía como un alumno de visión diferente y gran seguridad en sus manos, buscando tenazmente lo que se encuentra más allá de la apariencia exterior.

Últimos años

Tras su matrimonio no solo empezó una nueva etapa en su vida personal, sino también artística en la que temas como el hogar y la maternidad se plasman en un estilo más maduro, aunque se trata de una etapa de menor producción, en la que además rechazó una segunda beca para la Casa de Velázques que le otorgó el Gobierno francés.

A mediados de la década de los 1970 fallece su esposo, y ya que su hijo no dependía más de ella, se permitió retomar la pasión que siempre sintió por las artes. En esta etapa se aleja del desnudo para centrarse sobre todo en monumentales obras de carácter religioso, entre las que destacan el "Cristo del Optimismo", de dos metros de alto y donado a la iglesia de La Dolorosa de Pambachupa en 1978, así como el "Cristo Resucitado", también de dos metros de alto y comisionado como figura central del Panteón Nacional de Jefes de Estado (Basílica del Voto Nacional).

Premios

  • Salón Mariano Aguilera 1930, segundo premio de escultura
  • Salón Mariano Aguilera 1931, tercer premio de escultura
  • Salón Mariano Aguilera 1933, segundo premio de escultura
  • Salón Mariano Aguilera 1934, tercer premio de escultura
  • Gran Salón de Mayo de Madrid 1937, primer premio de escultura

Trabajo

"La Patria", originalmente parte del monumento a Federico
Gonzáles Suárez
, en su ubicación actual (Amazonas y
Veintimilla, plaza Veintimilla en La Mariscal, Quito)
Imagen: Infinito digital (2016).
A lo largo de su carrera como escultora, América produjo más de cien obras en yeso, piedra, mármol y marmolina, siempre marcadas por la elegancia de la corriente neoclásica y su perfecto dominio de la figura humana. Entre muchas otras obras, algunas de las más destacadas son:
  • Maternidad
  • Ternura
  • El grito de Guerra
  • Océanide
  • Ofrenda indiana
  • Furia dormida
  • Desesperación
  • Arrobamiento (1930)
  • Busto de Eloy Alfaro
  • Busto de Francisco Javier Salazar
  • Monumento a monseñor Pedro Pablo Borja Yerovi
  • Carnaval
  • Fiesta Brava
  • La Patria
  • Abandono
  • Eva
  • Cristo del Optimismo
  • Mariana de Jesús
  • Cristo Resucitado

América y mons. Pedro Pablo Borja Yerovi, con la escultura
que sobre él comisionaron a la artista.
Imagen: Francisco Martínez Salazar.

América Salazar en su taller de Quito.
Imagen: Francisco Martínez Salazar.

América y el busto que esculpió de Eloy Alfaro.
Imagen: Francisco Martínez Salazar.

Dos esculturas de América Salzar en un museo.
Imagen: Francisco Martínez Salazar.

Busto de Mariana de Jesús, colección Francisco Martínez Salazar.
Imagen: Rafael Polo Bonilla.

Maternidad, colección Francisco Martínez Salazar.
Imagen: Rafael Polo Bonilla.

Referencias

  • Martínez Salazar, Francisco. "América Salazar: entre la penumbra y la luz". Revista AFESE Nº59, pp. 158-168. Quito: Asociación de Funcionarios y Empleados del Servicio Exterior Ecuatoriano.
  • Rodríguez Castelo, Hernán (1992). "Diccionario crítico de artistas plásticos del Ecuador del siglo XX", p.319. Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana.
  • Villacís Molina, Rodrigo (1988). "Palabras cruzadas", p.215. Quito: Banco Central del Ecuador.
  • Polo Bonilla, Rafael (2016). "4 mujeres artistas, propuestas artísticas en disenso en el Ecuador de 1930 a 1960" pp.54-71. Quito: Universidad Central del Ecuador.

Prohibida la reproducción total o parcial sin la autorización de Héctor López Molina (contacto: hflopez2000@gmail.com)