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Expedición monárquica floreano-borbónica a Ecuador


La expedición monárquica floreano-borbónica a Ecuador, también llamada expedición Flores o expedición floreana, fue un proyecto organizado en 1846 por el general venezolano Juan José Flores, depuesto presidente de Ecuador, y la reina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias para recuperar la antigua colonia de la Presidencia de Quito, e instaurar allí una monarquía presidida por alguno de los hijos de la segunda. El plan incluía, además, ampliar el territorio hacia el sur, absorbiendo las repúblicas de Perú y Bolivia para conformar el ''Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia''.

Aunque la mayor parte de documentos diplomáticos apuntan como presunto candidato a rey al joven Agustín Muñoz de Borbón-Dos Sicilias, hijo del segundo matrimonio de María Cristina con el Duque de Riánsares; existen varios otros en los que se presume que el rey Luis Felipe I de Francia también pudo haber estado involucrado en el proyecto, aportando dinero al igual que había hecho María Cristina, para colocar en el trono sudamericano a los hijos de ambos que acababan de contraer matrimonio: Antonio de Orleans y Luisa Fernanda de Borbón.

Antecedentes

Juan José Flores.
Mientras transcurrían las primeras décadas de la frágil y novel nación ecuatoriana, el general Juan José Flores, derrocado de la presidencia por el pueblo de Guayaquil tras 14 años en el poder, se convenció de la ingobernabilidad del país bajo un régimen republicano en el que la discordia entre los nuevos poderes era evidente, y que solo una dictadura bajo su propio control, o un protectorado extranjero bajo un príncipe europeo, podían rescatar al país del caos en el que se hallaba sumergido. 

Según Mark Van Aken, historiador estadounidense y biógrafo del caudillo ecuatoriano:
«para hacer estas afirmaciones se dispone de las fuentes históricas usuales: documentos gubernamentales, periódicos oficiales e independientes, panfletos, hojas sueltas y correspondencia particular».

El tratado de La Virginia

Durante su gobierno, Flores se rodeó de muchos asesores y militares venezolanos, lo que ocasionó una reacción nacionalista de las élites ecuatorianas que deseaban acceder a esos cargos importantes del Gobierno. Esto desencadenó una guerra civil que inició con la llamada Guerra de los Chihuahuas, y culminó en la Revolución Marcista, con núcleo en la ciudad de Guayaquil y movilizada por Vicente Rocafuerte, célebre escritor y diplomático que entonces se encontraba exiliado en la ciudad de Lima. El primer presidente constitucional del Ecuador sería finalmente derrocado el 17 de junio de 1845, cuando capituló desde la hacienda La Virginia (propiedad de José Joaquín de Olmedo, en Babahoyo).

A los pocos días de firmarse el llamado Tratado de La Virginia, que deponía pacíficamente a Flores del poder y le garantizaba su estatus militar, la conservación de sus propiedades y una renta de 20.000 pesos de por vida, parte a su acordado exilio europeo, pasando primero por Panamá. El 10 de agosto, el agente norteamericano Delazon Swith informó que mediante un pariente cercano, Flores había sacado por la frontera sur la fabulosa suma de 40.000 dólares en efectivo, joyas, diamantes y cien libras de plata en barras. Debido a ello, la Convención Nacional reunida en Cuenca desconoció el tratado, negándose a reconocer los derechos que en él habían obtenido el general y sus partidarios.

Para el político ecuatoriano Benigno Malo: «esa resolución, lejos de cerrar las puertas a su regreso, no hizo más que tentarlo a adoptar represalias de naturaleza extremada e inmoral… Flores burlado se creyó plenamente autorizado para seguir los consejos de la venganza: se engañaba. Un crimen no se lava con otro».

El proyecto

Medallón con la efigie de Agustín
Muñoz de Borbón, en su tumba.
Wikimedia Foundation.
Enterado de la noticia y la decisión del nuevo gobierno ecuatoriano de romper con los términos del Tratado de La Virginia, el ex presidente Flores entra en cólera y organiza desde Europa uno de los planes más audaces del caudillismo latinoamericano para recuperar el poder.

Se contactó con su amigo y antiguo compañero de luchas independentistas, el general irlandés Richard Wright, que se encontraba en Inglaterra como antiguo embajador de Ecuador, a quien le encomendó la tarea de reclutar mil doscientos hombres, conseguir armamento suficiente y adquirir tres naves de guerra para proceder a invadir Ecuador. También escogió a José Joaquín de Mora, agente del general Andrés de Santa Cruz en Europa, para que intercediera por la causa ante el ministro Palmerston, que acababa de hacerse cargo por segunda vez de la Oficina británica de Asuntos Exteriores.

Inmediatamente Flores se dirigió a Francia, donde trató de conseguir más apoyo para su empresa, llegando a proponer por primera vez el convertir al país sudamericano en una monarquía a cargo de un príncipe europeo, con él mismo como regente. Llegó entonces a París, donde estudiaban tres de sus hijos, y fue condecorado por el rey Luis Felipe I con el cordón de la Legión de Honor, que le había sido otorgado desde 1844. Allí solicitó armas y hombres para su audaz empresa de reconquista ecuatoriana, pero le fueron oficialmente negadas por el Gobierno.

De Francia pasó al Vaticano, donde se entrevistó con el Secretario de los Estados Pontificios y el papa Gregorio XVI, quien le entregó una medalla de oro y le dio su bendición apostólica como si aún se tratase de un Jefe de Estado en funciones. Finalmente, después de recabar las cartas de recomendación necesarias en el Reino de las Dos Sicilias, entregadas por el embajador español Ángel de Saavedra (Duque de Rivas), se dirigió hacia la península ibérica.

María Cristina de Borbón-
Dos Sicilias, por Valentín
Carderera Solano.
Flores llegó a España con su propuesta ante la ex reina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, quien había ejercido la regencia de su hija Isabel II entre 1833 y 1840, y seguía influyendo en el Gobierno después de un breve periodo exiliada de la Corte (1840-1844); por lo que convence al Gabinete de turno, encabezado por Francisco Javier de Istúriz, para acoger los planes del depuesto presidente ecuatoriano. El deseo de la Reina era colocar en tronos de América a los hijos de su segundo matrimonio con el Duque de Riánsares, e incluso se precisa el nombre y la edad del niño con el que se iniciaría el plan: Agustín Muñoz y de Borbón-Dos Sicilias, que entonces contaba con 13 años de edad, estudiaba en la ciudad de Roma y poseía los títulos de duque de Tarancón, conde de San Agustín y vizconde de Rostrollano.

María Cristina auxilió a Flores de su propia fortuna personal, mediante un préstamo de un millón y medio de duros que le otorgaron los banqueros Seriola, Carriquí, Salamanca y Buchental. El préstamo estaba fijado a una tasa del siete por ciento de interés anual, pagadero por semestres con la garantía hipotecaria de todas las rentas del Ecuador. Existen documentos que confirman que la suma total que se le asignó al ex presidente ecuatoriano para llevar a cabo la misión fue de 30 millones de reales.

East India Dock (1806), el puerto en el que se encontraban
anclados los barcos del general Flores en Londres.
Mientras tanto, en Inglaterra e Irlanda, el general Wright había adquirido tres barcos: Neptuno, Monarca y Glenelg; siendo dos de estos buques a vapor transformados en naves de guerra, mientras que el otro estaría destinado al transporte de suministros y las tropas. Además, había logrado reunir hasta entonces dos batallones de cuatrocientos hombres cada uno (de un total planeado de 1.200). Los irlandeses, cuya patria estaba asolada por la hambruna que provocó su salida masiva hacia América, habían sido enganchados con la promesa de tierras e instrumentos de labranza para colonizar las provincias de Napo y Esmeraldas.

El Gobierno español apoyó la expedición de manera secreta, y el Ministro de Guerra animó a los soldados para que se alistaran en ella con incentivos como un bono de cien pesos, promoción del rango, el doble de paga y 16 acres de tierra en Ecuador para los que firmasen un contrato por cinco años, mientras que si los que se enrolaban eran oficiales recibirían 460 acres. En el puerto de Santander se reunió a mil quinientos hombres de tres mil planeados, se autorizó el uso de almacenes y cuarteles militares en Durango, Orduña y Vitoria, y Flores adquirió instrumentos musicales para formar una banda militar con uniformes diseñados por él mismo.

Por otro lado, Gran Bretaña fingió no conocer de los preparativos, mientras que las autoridades irlandesas se opusieron desde un inicio pero no fueron escuchadas. 

Reino Unido de Ecuador Perú y Bolivia

Mapa del tentativo Reino Unido de
Ecuador, Perú y Bolivia.
El duque de Rivas, entonces embajador español ante la corte del Reino de las Dos Sicilias, había escuchado en Nápoles los planes del general Flores para colocar un príncipe europeo al frente de un futuro Reino de Ecuador. Pero para su sorpresa, la idea del caudillo no quedaba allí, pues bajo el protectorado de España, dicho príncipe procuraría agrandar geográficamente su territorio hacia el sur, a costa de los vecinos del pequeño estado inicial.

Es decir que la tentativa incluía principalmente a Perú y Bolivia, para de esa manera conformar un estado federado de tres reinos, siguiendo el ejemplo de Inglaterra y Escocia unificadas en el Reino Unido de Gran Bretaña, o las coronas asociadas en el Imperio Austrohúngaro. A este intento de monarquía sudamericana se le conoce como "Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia", que según los planes floreanistas tendría su trono en la ciudad de Quito y su monarca sería el mencionado Agustín Muñoz y de Borbón-Dos Sicilias, a quien María Cristina hacía llamar, además de por sus títulos oficiales, como ''Príncipe de Ecuador'' y ''Restaurador de la monarquía en Perú y Bolivia''.

Presunta participación francesa

Luisa Fernanda de Borbón y
Antonio de Orleans.
Existen varios documentos, principalmente correspondencia entre las embajadas latinoamericanas asentadas en Londres, en los que se presume la participación del monarca francés Luis Felipe I de manera personal, ya que el Gobierno lo había negado de manera oficial cuando Flores pasó por París. Para ello, el rey aportaría con su propio dinero a cambio de colocar a un príncipe francés en el trono ecuatoriano.

Según Francisco Michelena y Rojas, embajador de Ecuador en Londres, los planes de crear un Reino de Ecuador que había trazado Flores habrían tenido eco en las principales cortes europeas con pretensiones en América. Michelena acusaba principalmente a Francia de agitarse en distintas formas para establecer su dominación, ofreciendo sus príncipes bajo alianzas de familia, o su protectorado, tratando de influir en los gobiernos contra los intereses nacionales y humillando sus nóveles nacionalidades; y para ello el dinero necesario para la expedición prevendría del mismo rey Luis Felipe I.

Por otra parte Manuel Moreno, embajador argentino en Londres, sospechaba también de la intervención francesa en Ecuador, pues creía que la candidatura al trono ecuatoriano que le habían ofrecido a Agustín Muñoz de Borbón-Dos Sicilias no era sino aparente y provisional, y que en el fondo todo estaba dirigido por el monarca francés para acabar con la otra parte del Tratado de Utrecht, y llevar la rama de los Orleans hacia Latinoamérica. Moreno basaba su hipótesis en el estratégico matrimonio entre el príncipe francés Antonio y la infanta española Luisa Fernanda, hija de María Cristina en su primer matrimonio con el rey Fernando VII de España, en cuyo beneficio sería en realidad la futura monarquía que pretendían instaurar en América desde Ecuador.

Reacción ecuatoriana

Vicente Ramón Roca.
El 24 de diciembre de 1846 el Gobierno ecuatoriano, encabezado por el presidente Vicente Ramón Roca, emitió una circular con una serie de medidas que serían efectivas de manera inmediata cuando se conozca que la expedición española zarpase de Santander, en ella se disponía:
  1. El secuestro de todos los buques mercantes españoles que llegasen a los puertos ecuatorianos, al igual que la carga que transportasen.
  2. Tratar como enemigo y confiscar las pertenencias de todo español que arribase al país, quedando protegidos por la ley aquellos que ya residían en el territorio con anterioridad.
  3. Ningún documento o contrato entre ecuatorianos, naciones vecinas o residentes en el país y ciudadanos españoles o su Gobierno tendría validez ni produciría acción civil en el territorio de la República.
  4. Ecuador se declararía en guerra contra España hasta que se tuvieran noticias de que la expedición haya sido cancelada.
El 29 de diciembre de 1846, José Fernández Salvador, ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador escribía a su homólogo venezolano al respecto del proyecto monárquico de Flores y María Cristina:
«(...) como no parece probable que los designios de la expedición española solo se limiten a restablecer en el mando del Ecuador al caudillo que la dirige, según la opinión generalmente emitida por la prensa europea, los gobiernos de Chile, Perú y de la Nueva Granada, han creído que todo acto de intervención trasatlántica es atentatorio a la independencia de los Estados hispanoamericanos, o al menos a la forma popular representativa de sus Gobiernos y que por ello interesa a la política americana repeler de mancomún acuerdo toda fuerza que tratase de intervenir en las cuestiones domésticas de alguna de las citadas Repúblicas».

Al conocerse en Quito la caída del proyecto floreano-borbónico en la península ibérica, la orden emitida por el presidente Roca en la circular de diciembre fue cancelada el 24 de febrero de 1847, restableciendo la normalidad en las transacciones comerciales y jurídicas entre Ecuador y España. Sin embargo, el Gobierno expulsó del país a Manuel Calvo y Rico, vice-cónsul español acreditado en Guayaquil.

Reacción latinoamericana

Los planes para emprender el viaje hacia América y retomar el poder en Ecuador parecían estar completamente listos; sin embargo, varios diplomáticos latinoamericanos acreditados en las cortes europeas empezaron a conocer de la expedición floreano-borbónica, aunque inicialmente no estaban seguros si tenía como destino México, Bolivia, Ecuador o Perú. Así lo demuestra una misiva de M.A. Mosquera, ministro neogranadino en París, enviada el 15 de agosto de 1846 a su Cancillería en Bogotá, y que luego sería transmitida por ésta a la de Buenos Aires. En ella Mosquera explica:
«todo hace creer que sea más bien para México, en calidad de auxiliar para sostener el partido monárquico de ese país; y resistir la agresión y usurpaciones sucesivas de los Estados Unidos».

Juan Manuel Iturregui.
Uno de los primeros en alertar que el destino de las tropas españolas y británicas era definitivamente Ecuador, fue el ministro peruano Juan Manuel Iturregui, acreditado en la corte de Londres. El 16 de septiembre escribe a la Cancillería de Lima lo siguiente:
«El general Flores se halla organizando en Madrid unos batallones que deben servir de base a una expedición que prepara ostensiblemente contra el Ecuador. Los periódicos de aquella capital aseguran que la expedición enunciada amenaza también al Perú y procede de un acuerdo hecho entre el Gobierno Español y dicho General para invadir ambas Repúblicas y formar de ellas una monarquía, a cuyo frente se intenta colocar a uno de los dos hijos habidos por doña María Cristina de Borbón de su segundo matrimonio con el Duque de Rianzares, -que el gabinete Español protege visiblemente esta empresa, y se están sacando Jefes, oficiales y centenares de soldados de los mismos cuerpos del ejército Peninsular para incorporarlos en lo que está levantando el general Flores, -que Agentes de este se hallan enganchando soldados de Irlanda para engrosar las filas de los expedicionarios, -y en fin que todos están ya listos y citados para reunirse en Aspeitia, -de donde saldrán para dar la vela para América. Los mismos periódicos, examinado el proyecto bajo todas sus fases, le dan abiertamente las bien merecidas calificaciones de impolítico, injusto, alevoso e irrealizable. Por cartas particulares se me asegura, después de confirmarme las anteriores noticias, que Don Andrés Santa Cruz, que se halla en Burdeos, tiene también parte en esta trama, y que Don José Joaquín de Mora, redactor de “El Heraldo”, es uno de los escritores que aboga por ella con más ardor, pero con argumentos que por su futilidad dan lástima (con copia al canciller de S.M.B.)».

La noticia se refuerza cuando el 30 de septiembre el ministro argentino M. Sarraeta, acreditado en la corte de París, escribe desde Bruselas a su Cancillería:
«Un acontecimiento escandaloso y de la mayor gravedad está pasando actualmente en España. El ex - Presidente Flores del Ecuador, que tuvo que abdicar y retirarse del mando del modo que a V.S. le consta, está reclutando en España con conocimiento y connivencia de aquel Gobierno, una fuerza que según se asegura no bajará de seis mil hombres destinada a recuperar su autoridad perdida, invadiendo su antigua presidencia. A cualesquiera le ocurre que en negocio de esta naturaleza, Flores no puede ser más que un testa de fierro, que sirve de instrumento para promover los intereses de quien suministra los medios para realizar la empresa. Flores fue muy bien recibido por el Rey en París y lo ha sido más en España, pues que en una función de palacio, se le dispensó la honrosa distinción de que bailase con la Reina.- Todo concurre a persuadir que el plan que actualmente se ejecuta en España se ha organizado en Francia y tampoco deja de ser muy verosímil, sea con conocimiento y aquiescencia de la Inglaterra. Cuando salí de París se anunció como positiva la llegada a uno de los puertos de Francia, del general Santa Cruz; después no se ha vuelto a hablar más de él, ni se ha parecido en París, como cosa natural. Esta circunstancia me hizo sospechar se hubiera metido en España; he escrito pidiendo informes sobre el particular y hasta ahora no he recibido contestación».

Juan Manuel Iturregui dirigió dos protestas sin esperar instrucciones de Lima; una de ellas se efectuó al ministro de Negocios Extranjeros de España, y la otra a Lord Palmerston, secretario de Estado de Negocios Extranjeros británico. La respuesta del Gobierno español fue que Iturregui, a pesar de ser delegado oficial, nunca había sido acreditado ante la corte; mientras que Palmerston, en actitud evasiva, alegó no tener conocimiento alguno sobre alistamientos ilegales para el extranjero.

Iturregui insistió nuevamente con su pedido a Palmerston, denunciando que el general Flores ya tenía reunidos mil doscientos hombres en Irlanda. Explicaba que tal fuerza hostil, aunque finalmente fracasara, afectaría los intereses comerciales británicos en Latinoamérica. Palmerston se irritó aún más con la alusión a posibles daños a los intereses británicos y respondió:
«el Gobierno británico verá con gran satisfacción un cambio mediante el cual la conducta de los gobiernos de aquellos países (las repúblicas sudamericanas) hacia los súbditos británicos, fuese más conforme con la justicia, la buena fe y las obligaciones de los tratados».

El 9 de noviembre de 1846 el canciller peruano, José Gregorio Paz-Soldán y Ureta, informó oficialmente a las cancillerías latinoamericanas la determinación de su Gobierno de defender la independencia ecuatoriana, y les invocó a cooperar en esta cruzada:
«(...) sin unir sus votos y esfuerzos a los de todos los pueblos de América para sostener la independencia común y la identidad de principios y de instituciones que acordes adoptaron desde que sacudieron el ominoso yugo español.- En los derechos del Ecuador, ultrajados por la España, ha recibido el Perú una injuria, porque estima como propios los agravios hechos a los pueblos del continente americano y como una violación de la justicia natural y del derecho de gentes cuanto se haga por quién quiera que sea con el objeto de arreglar los asuntos interiores de un pueblo libre de Sud América».

Manuel Bulnes.
El encargado de negocios de Chile en Madrid, coronel José María Sessé, mandó un aviso de alarma al presidente Manuel Bulnes, quien pidió una autorización al Congreso para organizar la defensa en la costa del Pacífico con la armada nacional. Por su parte, la Cancillería chilena, tras enterarse de que el general Andrés de Santa Cruz se encontraba en Europa como había informado el canciller argentino desde Bruselas, y temiendo que la expedición tenga como fin revivir la Confederación Peruano-Boliviana, escribe a su contraparte argentina una misiva fechada el 1 de diciembre de 1846:
«(...) y que el Gobierno español tiene algún interés en ello según la conducta que ha observado, que de otro modo sería completamente inexplicable. Se recela también con bastante probabilidad que los Generales Flores y Santa Cruz estén unidos en la empresa, y que se trate de resucitar, bajo una forma u otra, tal vez la monárquica, la antigua Confederación Perú – Boliviana (...) el Gobierno de Chile ha creído que el asunto era de una importancia demasiado trascendental, para que no se tomasen desde luego providencias contra todo peligro, y, tiene fundamento para pensar que sus vecinos participan de la misma solicitud y están decididos a coadyubarlas. Me hallo persuadido de que el Gobierno de V.E. no mirará con indiferencia un acontecimiento tan grave, aun en medio de los altos objetos que en estos momentos ocupan su atención, y creyéndolo así el Presidente, me ha ordenado dirigir esta comunicación a V.E. a quién ruego se sirva someterla al Exmo. Señor Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Encargado de las relaciones Exteriores de la Confederación Argentina».

Informado por su par argentino al respecto de la misiva chilena, el canciller uruguayo Carlos Jerónimo Villademoros, desde el cuartel general en el Cerrito de la Victoria, contesta el 5 de febrero de 1847:
«Impuesto detenidamente de todo, S.E. el Presidente de la República, ha ordenado al infrascrito contestar que este Gobierno aprecia con la más intensa gratitud, la noticia que le comunica el Excmo. de la Confederación Argentina sobre un asunto, efectivamente de tanta importancia, de un interés tan vital, para todas las repúblicas del Continente Americano.- Así mismo mira S.E. con el mayor placer la noble decisión con que los Excmos. Gobiernos de la Confederación Argentina, de Chile y el Perú se proponen unir sus esfuerzos para repeler la infame invasión con que se les amenaza por los espurios traidores Flores y Santa Cruz, bajo la protección o connivencia del Gobierno Español , que por tales actos parece haber estado ocultando, bajo engañosas cenizas, el incendio del resentimiento contra los pueblos sud americanos y una imprudente ambición a quién nada ha enseñado los reveses, ni el triste resultado que tuvo para España la pasada lucha por nuestra independencia.- Por su parte el Gobierno de S.E. el presidente, no correspondería a sus ardorosos sentimientos Americanos, si pudiese un solo momento mirar con indiferencia el atentado que se prepara torpemente contra la libertad e independencia de las Repúblicas Sud. Americanas. Así es que uniendo el suyo al grito del continente indignado declara sin hesitación que mirará como injuria y ofensa propia la que en este caso se infiriese a cualquiera de las Repúblicas de Sud América; que pondrá en acción todos sus esfuerzos y recursos para combatir la odiosa invasión y que estará pronto a correr con ellos donde quiera que lo haga necesario el peligro común».

Caída del proyecto y consecuencias

Lord Palmerston (1855).
El 7 de agosto de 1846 el diario madrileño ''El Clamor Público'' hizo de conocimiento general la noticia de la intentona floreano-borbónica en Ecuador, con lo que el escándalo estalló en Europa. Para el 20 de octubre, la oposición cada vez más creciente de la opinión pública británica que se sumó a las gestiones de las delegaciones latinoamericanas en ese país, se intensificó con la protesta formal de más de treinta casas comerciales comandadas por la Baring Brothers, que veían en el proyecto del general Flores una amenaza a los intereses económicos ingleses, tal como lo había planteado antes el ministro peruano Iturregui.

Esto obligó al canciller Palmerston a confiscar las naves del general, que se encontraban ancladas en el East India Dock de Londres, mediante funcionarios de la aduana, invocando la Ley de Reclutamiento Extranjero. De igual manera inició un juicio contra los responsables de la empresa, mientras a la par el alcalde de Limerick (Irlanda) se hizo cargo de detener el reclutamiento que se llevaba a cabo en esa localidad.

Toda esta situación obligó a Flores, quien se encontraba en la corte de Madrid, a acudir a Inglaterra para defenderse y conseguir la devolución de sus barcos, pero ante la posibilidad de verse envuelto en el juicio intentó retornar a España vía París. Pero las malas noticias no terminaban para Flores, pues en España, Joaquín José de Osma, publicaba la noticia del embargo en los periódicos de la capital ibera que, sumado a otras razones, obligó al gabinete de Francisco Javier de Istúriz, que lo había apoyado, a dimitir. El nuevo Gobierno, encabezado por el VIII duque consorte de Sotomayor, revirtió el depósito de soldados que se encontraban listos para la intentona en el puerto de Santander.

Flores permaneció varios meses más en Europa, tratando inútilmente de recuperar sus naves con el apoyo de la reina María Cristina, que deseaba recuperar parte de su inversión, y por ello fue centro de agitación y revuelta contra el Ecuador durante la siguiente década; Esto le valió al primer presidente ecuatoriano ser reconocido por sus geniales, pero a la vez oscuras cualidades, como el "Rey de la noche". Pese a las pruebas contundentes, algunos historiadores ecuatorianos partidarios del primer Presidente de ese país, han intentado negar el carácter monarquista de la expedición, aunque existe abundante documentación en España y América para sostener que así fue.

Existe un soneto peruano al respecto de esta intentona monarquista, parte de la obra Breve historia de los procedimientos de la Administración en los tres años desde su instalación hasta la fecha, escrita por el ciudadano N.V. en 1848, donde se menciona la oposición al transporte masivo de inmigrantes irlandeses como soldados para la conquista floreanista-borbónica, y se agradece la acción del ministro Iturregui:


El Ministro Iturregui con destreza

en la Corte de Londres representa
contra el enganche y la indebida venta
de irlandeses y buques de la empresa.
La ley del caso se observa con pureza,
el fallo al empresario desalienta,
sin remedio es perdido cuanto intenta,
la espedición acaba donde empieza.
No era duda propio y razonable
en un siglo tan sano y tan lúcido
que un acto anti-legal fuese aprobado.
Este servicio, a tantos favorable,
al Jefe del Perú solo es debido,
pues su tino solo quiso tal enviado.


Debido a la intentona floreanista que finalmente no llegó a concretarse, el canciller peruano Paz Soldán dirigió una circular invitando a los Gobiernos continentales al Congreso Americano de 1847, celebrado en la ciudad de Lima para elaborar un tratado de defensa continental de las naciones hispanoamericanas contra toda forma de agresión extranjera, cuyo resultado fue el Tratado de Confederación de 1848, que constituyó un precedente jurídico de los pactos de la Sociedad de Naciones, la OEA y las Naciones Unidas.

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